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Trabajando desde casa

Con los avances de la conectividad, cada vez son más las empresas que permiten o sugieren a sus empleados la modalidad de “home office” para algunos días a la semana.

 

En principio, aceptamos de buen grado esta posibilidad de poder realizar tareas en un ambiente más relajado, en sintonía con nuestro reloj biológico, escuchando música o tomando mate, sin pensar en problemas de transporte o qué ropa nos vamos a poner, y con la posibilidad de intercalar algún tiempo para nuestras cosas personales.

 

Sin embargo, el trabajar en un ámbito menos pautado requiere de una buena dosis de autodisciplina para evitar dispersarnos o, por el contrario, para poner límites adecuados al tiempo dedicado al trabajo.

 

¿Pero, qué sucede cuando en nuestra casa hay otras personas (pareja, hijos, familia) conviviendo con nuestro “home office”? 

 

Puede resultar un motivo de conflicto, obviamente. Al principio, esas personas están acostumbradas a pautas de convivencia que pueden verse afectadas por nuestra necesidad de espacio, silencio, disponibilidad de computadora, internet, etc.


Muchas veces, tomamos la responsabilidad del home office sin haber participado a los demás miembros de la familia de esta posibilidad, lo que seguramente nos llevará más tarde o más temprano a situaciones conflictivas, no sólo en lo familiar sino también en lo laboral, en el caso que no podamos cumplir en tiempo y forma con lo que tenemos que hacer. 


Sea que lo hayamos hablado previamente o no con nuestra pareja o familia, es conveniente que busquemos el modo de balancear la necesidad de un clima efectivo para lo laboral y, al mismo tiempo, afectivo para lo familiar. 


¿Qué podemos hacer para lograr ese balance?


Una manera es echar mano a las técnicas para la resolución de conflictos. Básicamente, se trata de reconocer que todas las necesidades son legítimas y deben ser tenidas en cuenta.

 

Comunicar de manera asertiva nuestras necesidades y sentimientos, recibir con empatía las necesidades y sentimientos del otro e ir juntos encontrando el modo de maximizar la satisfacción de necesidades de cada uno y, también, las de todo el grupo. Por ejemplo, si yo puedo realizar bien mi trabajo voy a conservar mi empleo o tener un mejor sueldo, lo que puede redundar en beneficio de todo el grupo familiar. Asímismo, si puedo trabajar un tiempo desde casa, puedo estar más presente y satisfacer necesidades afectivas del grupo.


Más allá del tema que hoy nos convoca, la comunicación asertiva y la escucha empática son herramientas que, practicadas con asiduidad, pueden convertirse en una forma muy saludable de vincularnos con los demás y aumentar notablemente nuestra calidad de vida.

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